
Andrés Barboza es un
artista abstracto como el arte mismo, que, aunque sea figu
rativo sus elementos,
siempre serán abstractos, formas, líneas, colores.
Es orgullosamente
maragato, formado en sus comienzos aquí, donde está su obra hoy, en este Museo
que ha sido testigo y promotor directo del desarrollo artístico de varios de
nuestros grandes creadores y creadoras.
“30 años después”,
Barboza retorna con sus obras a este lugar. Obras abstractas, en cuanto a la
utilización de los elementos plásticos sin la necesidad de representar la
realidad.
Otra realidad surge
aquí, en este espacio, una realidad plástica, a través de la cual un espíritu
se expresa. En algunas obras este espíritu, ha recurrido incluso a la materia,
a arrancarle al mundo un pedazo de tela o tejido para sumarlo a su grito
silencioso, ese orden subyacente, nacido entre las formas y el color.
Marcelo
Alpuy
Curador de la
muestra
Treinta años después.
En 1996, con mi padre
pasamos por “lo del Hugo”, manera coloquial de referirse a la casa taller del
querido y siempre recordado Hugo Nantes. Al llegar a la puerta de calle que siempre se
encontraba entornada y sin llave, la voz de mi viejo grita desde la vereda, -
permiso Hugo. Nantes asoma la cabeza
entre las cortinas que limitaban la habitación de ingreso, con la que él
utilizaba propiamente como su área de trabajo. ¿Quién sos?, pasa, pasa,
pregunta y resuelve Hugo al mismo tiempo.
Ese fue mi primer
contacto con quien considero, mi primer Maestro y que me impulso a concurrir al
taller del Museo Departamental, que hoy 30 años después, me recibe.
En ese querido Museo en
que tomara por tres años clases de pintura con el Maestro Sergio Viera, en el
entrañable taller al que se accedía por la añosa y vertiginosa escalera de
hierro. Sábados de pintura y tertulia en que el aroma a los oleos y los
solventes se fundían en el aire con la fragancia a café y las tortas que
siempre llevaba la querida y también recordada Yolanda Domínguez.
Son muchos los
recuerdos de aquellos años, la bonhomía y caballerosidad del “Lucho Sena”, la
seriedad de don Mascherano, entre otros compañeros que hoy están pintando otros
cuadros en otros planos.
En las hospitalarias
paredes del Museo aprendí a disfrutar de las obras de los grandes maestros, con
libertad y descontractura que me hacía sentir que me hallaba en el living de mi
casa. Obras de tantos maestros que marcaron mi camino de artista; Torres,
Barradas, Figari y tantos otros.
Hoy después de tres
décadas, por algunos días mis cuadros compartirán el aire con estos viejos maestros,
siendo para mi más que un grato honor retornar a lo que siempre consideré mi
casa.
Andres
Barboza (2026)

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