sábado, 14 de marzo de 2026

"30 años despues" marzo y abril de 2026 Museo de San José


   

Andrés Barboza es un artista abstracto como el arte mismo, que, aunque sea figu

rativo sus elementos, siempre serán abstractos, formas, líneas, colores.

Es orgullosamente maragato, formado en sus comienzos aquí, donde está su obra hoy, en este Museo que ha sido testigo y promotor directo del desarrollo artístico de varios de nuestros grandes creadores y creadoras. 

“30 años después”, Barboza retorna con sus obras a este lugar. Obras abstractas, en cuanto a la utilización de los elementos plásticos sin la necesidad de representar la realidad.

Otra realidad surge aquí, en este espacio, una realidad plástica, a través de la cual un espíritu se expresa. En algunas obras este espíritu, ha recurrido incluso a la materia, a arrancarle al mundo un pedazo de tela o tejido para sumarlo a su grito silencioso, ese orden subyacente, nacido entre las formas y el color. 

 

                           Marcelo Alpuy

                        Curador de la muestra









Treinta años después.

En 1996, con mi padre pasamos por “lo del Hugo”, manera coloquial de referirse a la casa taller del querido y siempre recordado Hugo Nantes.  Al llegar a la puerta de calle que siempre se encontraba entornada y sin llave, la voz de mi viejo grita desde la vereda, - permiso Hugo.  Nantes asoma la cabeza entre las cortinas que limitaban la habitación de ingreso, con la que él utilizaba propiamente como su área de trabajo. ¿Quién sos?, pasa, pasa, pregunta y resuelve Hugo al mismo tiempo. 

Ese fue mi primer contacto con quien considero, mi primer Maestro y que me impulso a concurrir al taller del Museo Departamental, que hoy 30 años después, me recibe.

En ese querido Museo en que tomara por tres años clases de pintura con el Maestro Sergio Viera, en el entrañable taller al que se accedía por la añosa y vertiginosa escalera de hierro. Sábados de pintura y tertulia en que el aroma a los oleos y los solventes se fundían en el aire con la fragancia a café y las tortas que siempre llevaba la querida y también recordada Yolanda Domínguez.

Son muchos los recuerdos de aquellos años, la bonhomía y caballerosidad del “Lucho Sena”, la seriedad de don Mascherano, entre otros compañeros que hoy están pintando otros cuadros en otros planos.

En las hospitalarias paredes del Museo aprendí a disfrutar de las obras de los grandes maestros, con libertad y descontractura que me hacía sentir que me hallaba en el living de mi casa. Obras de tantos maestros que marcaron mi camino de artista; Torres, Barradas, Figari y tantos otros.

Hoy después de tres décadas, por algunos días mis cuadros compartirán el aire con estos viejos maestros, siendo para mi más que un grato honor retornar a lo que siempre consideré mi casa.

Andres Barboza (2026)